Hygge o la felicidad de las pequeñas cosas

Foto: Anete Lusina

En el mundo en que vivimos hasta el concepto de felicidad se mueve por tendencias… Desde hace ya algún tiempo la palabra “Hygge” se ha colado en redes sociales- especialmente en el visual Instagram-y acapara algunos títulos en las estanterías de librerías o en los catálogos de ebooks.

Precisamente un libro que habla del Hygge salió a mi encuentro -¡cómo no!- en el estanco donde habitualmente compro el diario y aunque me resistí a comprarlo para no sentirme esclava de ninguna tendencia, me picó la curiosidad… Dos semanas más tarde seguía en aquel aparador, exactamente en el mismo lugar. Así que, captada la indirecta, decidí de nuevo caer en la tentación (la manera más rápida de deshacerte de ella… 😉 ).

Foto: Spirit For Beginners

 

Si sigues este blog sabrás que las palabras intraducibles al castellano tienen una inclinación natural y cabezota a perseguirme.  “Hygge” procede del danés, donde el concepto que designa es casi un bien nacional. Para obtener una traducción cercana al sentido que los daneses dan a esta palabra hemos de acudir a la emoción, más que al intelecto. Porque, tal y como dice Meik Wiking, autor del libro, Hygge “no se escribe, se siente.”

Pero como sé que te gustan las cosas claritas, te voy a dar una traducción lo más precisa posible al castellano: “Confort del alma, recogimiento, placidez, experiencia de felicidad compartida.”

La imagen que a mi me viene a la cabeza cada vez que pienso en el Hygge, es una escena junto a la chimenea en pleno invierno, en unas fechas cercanas a la Navidad, con velitas y luces decorando rincones estratégicos de la casa, sentada frente a la ventana rodeada de cojines y con una taza de te en las manos… Y en buena compañía. Amigos, pareja, hijos… Lo importante en el Hygge  es precisamente el que ese momento especial se comparta con otros en situación de igualdad.

Foto: Jovi Waqa

Para los daneses, el Hygge es la descripción más natural de la felicidad. De hecho, Meik Wiking trabaja como asesor y analista en el Instituto de Investigación sobre la Felicidad, un grupo de estudio independiente que se centra en el bienestar, la felicidad y la calidad de vida. Su sede, como no, se encuentra en Copenhague. Porque en los últimos rankings mundiales, Dinamarca figura entre los cinco países más felices del mundo desde hace años. Esto es debido a múltiples causas -asegurar el bienestar de sus ciudadanos es una de las prioridades gubernamentales de Dinamarca y es parte intrínseca de su cultura-, pero según Wiking el concepto Hygge, implantado en el adn de los daneses, tiene mucho que ver en ello.

El “Manifiesto Hygge”, segun el mismo autor, contendría las siguientes premisas:

  1. AMBIENTE: asegúrate una luz cálida y tenue.
  2. PRESENCIA: disfruta del aquí y el ahora, apaga los móviles.
  3. PLACER: algo dulce, chocolate, pastelitos… todo lo más casero posible.
  4. IGUALDAD: comparte tareas y tiempo de disfrute.
  5. GRATITUD: disfruta, éste podría ser el mejor momento.
  6. ARMONÍA: No se trata de una competición. No has de presumir de tus logros.
  7. COMODIDAD: Ponte cómodo y desconecta. Relájate.
  8. TREGUA: No te agobies. Los temas incómodos los dejamos para otro día.
  9. UNIÓN: construye relaciones e historias. “Te acuerdas de cuando…”
  10. REGUFIO: Esta es tu tribu. Este es tu remanso donde estás seguro y en paz.

El libro es todo un compendio del concepto, está ilustrado de sugerentes fotografías y desgrana las situaciones, los lugares, los trucos que nos acercan a ese estado ideal de bienestar.

Está escrito de forma amena y a la vez rigurosa. Wiking defiende que se puedan hacer estudios de la Felicidad, a pesar de lo relativo que en un primer momento te pueda parecer el término. Cree que es injusto que se hagan aproximaciones y tratados sobre la ansiedad, la depresión y otros problemas que amenazan en el bienestar y no se haga lo mismo con los caminos que nos conducen a él.

En otras lenguas podemos encontrar conceptos similares. Quizás el que más se le acerca es la palabra “Gezellig”, del neerlandés, que se traduce como “algo acogedor, calidez placentera y tiempo compartido con seres queridos.” No me extraña que sean los holandeses quienes también tengan acuñada una palabra específica para algo parecido a la felicidad, porque se trata de otra sociedad que se centra en fomentarla con los pequeños actos cotidianos.

Foto: Alisa Anton

Lo natural, lo cotidiano, es central en el Hygge. Esto es algo que ha captado mi atención y ha hecho que el libro me encante desde el primer momento.

Me ha gustado especialmente la parte en la que habla del “Diario de Gratitud”, algo que me gustaría tratar más en profundidad en un post. Estar agradecido de lo cotidiano otorga valor a los placeres sencillos, aquellos de los que en definitiva está hecha la vida.

Y también ha conectado especialmente conmigo la sección en que trata de las adquisiciones y de otorgarles valor, vinculándolas con momentos placenteros compartidos o con logros personales. Estoy muy puesta últimamente con el consumismo, con su impacto en nuestras vidas, tanto a nivel material como personal (espiritualidad y economía unidas… ¡menuda pareja!). Adquirir menos y con más valor, reciclar, dar segunda vida a los objetos, vigilar que aquello que consumimos tenga en cuenta a todas las personas relacionadas en el proceso de producción y distribución, las tiendas locales y sencillas, lo hecho a mano, la artesanía… Tener menos, pero tener mejor.  La calidad antes de la cantidad. Y poner el Ser delante del Tener.

En fin, una lectura que nos ayuda a reflexionar sobre el valor en nuestra vida, altamente recomendable.

Que disfrutes de tu momento, beginner.

 

 

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