Con buen pie

Foto de Rawpixel para Unsplash

Ojalá allí donde estés pasando este verano lo disfrutes, encuentres la reconexión contigo misma, establezcas relaciones y lazos que te nutran y motivos que inspiren nuevas maneras y proyectos en tu vida. Las vacaciones deberían ser ese remanso del alma, no una carrera contrarreloj semejante a la que llevamos el resto del año. Una oportunidad para reconstituirse que te permita entrar en el nuevo curso “con buen pie”.

Y si miramos a nuestros pies… ¿Qué vemos? Quizás no sean tu parte corporal preferida. Si vives en el hemisferio norte, el verano te permite sacarlos a la luz, vestirlos con sandalias que los mantienen frescos y que a la vez los exponen a la vista de todos. De pies vengo hoy a hablarte.

A través del libro El Monje Urbano, de Pedram Shojai, he explorado nuevas maneras de refrescar hábitos y maneras para  la vivencia espiritual en mi día a día. Shojai nos habla de pies. Los pies se consideran los pilares del cuerpo. En la antigüedad, nuestro contacto desnudo con la tierra desarrolló un sistema de captación de información a través de nuestras extremidades inferiores, delicado y a la vez preciso. Podíamos saber un montón de cosas de nuestro entorno tan sólo con descansar nuestras plantas sobre la hierba, el terreno seco o la arena húmeda. Dice la canción Pies Descalzos, compuesta e interpretada por Shakira: “Perteneciste a una raza antigua, de pies descalzos y de sueños blancos.” De alguna manera, pienso que Shakira intuyó que los antiguos gozaban de una sabiduría ancestral que pasaba por conectar con la naturaleza a través de los pies.

(c) Estel Marín, Spirit for Beginners

En la actualidad, y especialmente si vives en un entorno urbano, comprobarás que los momentos en que puedes tener ese contacto desnudo con el suelo son meramente anecdóticos. El ser humano occidental que reside en las ciudades ha perdido ese contacto con el flujo energético del suelo al andar con zapatos y asfaltar los caminos. Hemos erigido una barrera a ese fluir natural y, por tanto, hemos dejado de recibir sus beneficios.

Sólo desde un punto de vista biológico, te diré que la importancia de los pies es fundamental:  contienen el 25 % de los huesos de todo el cuerpo. Quizás ya sabes que la reflexología podal  permite tratar las dolencias de todo el cuerpo a través del impulso de los puntos reflejos en las plantas de los pies. Si alguna vez has probado la osteopatía habrás comprobado que muchos de estos fisioterapeutas tratan primero los pies antes de pasar a otras partes donde tengas localizadas las molestias. Personalmente, he comprobado esto y los resultados han sido espectaculares. El desequilibrio corporal se manifiesta de manera especial en los pies, pues todos los pesos van a descargar ahí. El camino inverso, al parecer, también es posible: podemos reequilibrar nuestra estructura a través de la base sobre la que se sustenta.

Shojai sugiere devolver la fuerza a nuestros pies y recuperar ese contacto ancestral, para volver a tender cables que nos permitan ser más sabios y conscientes, recuperando esa fuerza impulsora.

Foto de Zack Minor

Por supuesto, CAMINAR DESCALZOS es el principal consejo de Shojai. Siempre que te sea posible -se desaconseja caminar descalzos por la ciudad, por higiene y seguridad- descálzate y pon tu atención en el tacto al caminar y al reposar sobre el suelo: hierba, arena de mar, tierra. En el bosque, en la playa… Caminar descalzos masajea los puntos reflejos y, si además le añades agua de mar, tu piel se nutrirá de sal y oligoelementos beneficiosos para tu piel y todo tu organismo. En países como Japón, los zapatos reposan en la entrada de las casas. Si puedes caminar descalza por casa, o con unas zapatillas mínimas que ventilen bien tus pies, mejor que mejor. Anota las sensaciones de tomar contacto con la corriente de un río, siente esa potencia en tus pies y únete mentalmente a ella. Acoge con una sonrisa la caricia de las olas, juguetea con la arena entre los dedos. Frío, calor, texturas conocidas o desconocidas… Un mundo que estaba ahí y del que no te habías percatado abrirá el abanico de tu percepción.

MEDITA con las plantas colocadas sobre el suelo, la espalda reposando erguida en una silla cómoda. Visualiza unas raíces saliendo de las plantas de tus pies, que con cada respiración crecen hasta llegar al centro mismo de la tierra. Permite que la energía de nuestro planeta llegue hasta a ti e imagínate inundada por una luz que te reconstituye desde sus entrañas.

AGRADECE a tus pies que te hayan llevado hasta el punto en que te encuentres y que aun puedan llevarte más lejos…

Feliz semana!

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