Ichigo-ichie

“-Un dia nos vamos a morir, Snoopy

-Cierto, Charly, pero los otros días no.”

Me he permitido dos meses y algo más de descanso de blog en los que he tratado de vivir el momento. No han sido momentos fáciles, he tenido y todavía tengo algunos problemas de salud y en mi entorno personas a las que amo están viviendo experiencias muy duras, de esas que hacen que te replantees todo.

El movimiento se demuestra andando. Todo aquello que hemos aprendido, toda la riqueza que hemos trabajado en nosotros, es lo que nos sustenta cuando llegan momentos así. Entonces todo cobra sentido, o no. Quizás todo se remueva…

Con la esperanza de extraer algo positivo de ello y seguir explorando la conciencia de presencia y las herramientas que aportan un valor a nuestra vida me topé de manera casual con “Ichigo-Ichie” , tercer libro de Héctor García, esta vez en colaboración con el periodista Francesc Miralles. Estaba dando un paseo por el barrio de Gracia de Barcelona, donde resido, por esas callejuelas que hacen que te pierdas en la atmósfera de pueblo y olvides que están en una ciudad. Mis pasos me llevaron a la librería Haiku y por mi interés por la cultura y la lengua nipona no pude resistirme perderme en su aparador. Allí estaba el libro, saludándome. Y ya sabéis que no puedo -ni quiero- ignorar esos saludos…

Hace dos años descubrí Ikigai, la primera obra de Héctor García, toda una filosofía que me acercó aún más a la cultura japonesa, justo cuando empezaba a aprender su lengua. Ikigai me abrió puertas interiores insospechadas, me reconectó con el sentido vital, con aquello que nos anima a seguir en el camino de la vida y me hizo descubrir recovecos encantadores del estilo de vida japonés. Después vino en el verano del 2018 Shinrin-yoku de Annette Lavrijsen, del que di cuenta en el post Betas de Oro. Héctor García y Francesc Miralles, autores de Ichigo-Ichie, también escribieron sobre el mismo tema en una obra con título idéntico. Shinrin-yoku también habla de otro aspecto nipón, el de los baños de bosque, terapia que consiste en encontrar la esencia en contacto con la atmósfera que crean los árboles y la naturaleza en su estado más puro. Desde entonces miro los árboles de otro modo… Y se ha despertado en mi como explicaba en el post, una conciencia ecológica aún mayor.

Foto: Fuu-j

Ichigo-Ichie

En muchas casas de té de Japón esta frase está colgada de algún cartel bien a la vista de quien se dispone a disfrutar de esta bebida en su local. La esencia de la legendaria Ceremonia del Té se resume en ella. Su traducción más cercana sería “Un instante, un encuentro”. Si ahondamos en ella, nos viene a decir: “En este momento, tienes una oportunidad”.

El libro nos presenta precisamente esta mirada sobre la realidad a través de una experiencia en una casa de té en Kyoto, donde los autores experimentan un momento de conexión profundo con el instante, con la Presencia. Aquella quedada entre amigos se convierte en algo mágico y deciden escribir un libro sobre ello conjuntamente.

Si has comenzado a practicar la Presencia, si quieres encontrar cómo enfocar tu atención al momento que estás viviendo y descubrir toda su riqueza, quizás de te encante tanto como a mi Ichigo-ichie.

Le pregunté a la encantadora Hiromi, mi profesora de japonés, si ésta es una expresión que utilicen frecuentemente en el día a día en Japón. Con una sonrisa curiosa y agradecida -no deja de maravillarme lo agradecidos que son los japoneses, por absolutamente TODO y en especial cuando te interesas por su cultura- me abrió el libro de japonés por la última página y me buscó la sección “Frases típicas y refranes japoneses”. Allí estaba “Ichigo-ichie”. En efecto, suelen dedicarse estas palabras cuando acaban de conocer a alguien o se reencuentran con un amigo al que hace tiempo no ven, para vivir algo especial juntos. Es una manera de decirse: “Qué bonito el momento que hemos vivido. Guárdalo en tu corazón porque no se repetirá”.

El libro explora esta filosofía a través de la historia, en diferentes tradiciones, pero muy especial en la cultura nipona. La belleza de lo efímero, muy presente en el Hanami -la celebración de los cerezos en Flor- , la práctica zen, los “peligros” de la vida moderna que nos distraen del momento presente, la filosofía Kintsugi y el wabi-sabi -“lo imperfecto es bello”… Todo ello nos devuelve a la presencia del momento, a la conciencia del Ahora.

El libro Incluso nos ofrece una guía para explorar el arte en los museos, para visitar una ciudad o para convocar a los amigos en una fiesta y convertirla en algo único.

El arte de escuchar

“Tenemos la posibilidad de conectarnos con miles de personas, pero es extremadamente raro encontrar a alguien que escuche.”

La escucha activa es un bien escaso en el mundo que vivimos. Como dicen los autores de Ichigo-Ichie, la tecnología nos ha posibilitado conectarnos con personas en el otro extremo del mundo, pero en las distancias cortas seguimos sin escucharnos realmente. Puedo comprobarlo cada día en la escuela. Existen serias dificultades para prestar atención ya sea al maestro ya sea a la conversación que tienen entre sí: los niños y niñas no escuchan mirando a los ojos, vuelven a sacar el tema o preguntan por la misma frase que acaba de emitir un compañero en su mismo grupo -fenómeno que no deja de fascinarme y en ocasiones, de irritarme mucho…- , tienen problemas de atención, no disfrutan del momento sino que viven pensando qué viene “después”, sin acabar de asimilar lo que están viviendo “ahora”. Por supuesto, los adultos no les estamos dando un buen ejemplo y hemos contribuido a esta distorsión notablemente, sobre-estimulándolos, llenándolos de “actividad” pero vaciándolos de presencia. Anteponiendo el hacer al ser.

En ocasiones propongo en el aula breves visualizaciones y les digo que toquen con los dos pies en el suelo y reclinen bien la espalda en el asiento, o que se sienten directamente en el suelo. Observo que se sientan con los pies al aire y los ves con la mirada perdida y la cabeza, como yo les digo, “volada”. Cuando toman contacto con el suelo, les digo que observen en silencio el vaivén de la respiración. Tras este breve ejercicio, les pregunto que qué tal. Les digo que comparen los dos momentos, el anterior a la visualización y el posterior. Algunos me dicen que comienzan a notar el “momento mejor”. Otros me dicen que están un poco más tranquilos o menos ansiosos. Entonces podemos comenzar la clase. En una ocasión un alumno me preguntó por qué “perdíamos el tiempo” con esas visualizaciones y meditaciones, en lugar de hacer inglés. Le contesté que no habíamos perdido el tiempo dedicando diez minutos a meditar, que lo habíamos ganado. Con ocho años le costó entender el concepto, pero algunos me miraron asintiendo con una sonrisa en los labios… La sesión fue mucho más provechosa aquel día.

Puede que hayas escuchado a personas decir que, cuando la vida les ha puesto en la estacada, es cuando han valorado mejor el momento presente. Es muy posible que tu misma seas una de esas personas… Es en esos momentos de “pánico” cuando te lo replanteas todo y encuentras que existen pocas cosas esenciales y vivir el momento es una de ellas.

Siempre digo que es mucho mejor descubrir esto cuando todo va bien que cuando la existencia te pone un ultimátum.

Como bien dice Snoopy a su amigo Charly, los “otros días” son los que cuentan…

  • El 23 de Marzo se presenta oficialmente en la Librería Haiku de Barcelona, en la calle Montseny 7, el libro “Ichigo-ichie” a cargo de su co-autor Francesc Miralles. Se hará en el jardín de la librería y promete ser un momento especial, como no. ¿Quizás nos sorpendan con una ceremonia del te? Si quieres estar informado de ello, puedes visitar el blog de Haiku aqui.

¡Feliz Semana!

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2 respuestas a “Ichigo-ichie”

  1. Qué interesante lo que cuentas Estel, cada vez intento fijarme más en estar presente, es como empezar con un habito que teníamos y hemos perdido por completo. Es cierto que estás mucho más relajado y feliz si dejas de proyectarte y simplemente estás

    Un Beso

    1. Me alegra que cada vez más gente, como tu, haya redescubierto esa conexión. Yo sigo aprendiendo día a día. La recompensa es, tal y como afirmas, la calma interior, y mucho más: claridad, riqueza, una mayor percepción de la belleza y, por ende, más cosas bellas en tu vida. Recomiendo a todo el mundo, tenga la edad que tenga, que practique la presencia, ya sea en meditación, ya sea en medio de la actividad diaria. No cuesta dinero y es algo que todas y todos sabemos hacer. Un abrazo!

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